Políticamente corrector (de estilete)

jueves, 1 de diciembre de 2011

Polémica sobre «Orsai» (1º/12/2011)


Esporádicamente ingreso a «Gente del Libro» para informarme sobre las novedades del sector. Lo considero un canal muy valioso y necesario para todos nosotros. Ayer ingresé con especial interés a raíz del debate generado por la publicación del video de la intervención de Hernán Casciari en TEDxRío de la Plata. Entre ayer y hoy pude leer comentarios variopintos, que festejo por su diversidad. Pero también hay unos cuantos que son ofensivos hacia Hernán. Pero sobre todo son gratuitos. Desconozco si se deben a envidia, liviandad para postear como si GdL fuese una mesa de bar en la que cualquiera opina sin importarle el alcance de sus palabras, y no un blog profesional que pretende un cierto mínimo nivel de discusión.

La respuesta que Paola Adler recibió de Casciari (y reprodujo en un post) me parece que expresa en una pincelada la esencia de Orsai: un proyecto personal que requiere un trabajo descomunal, por tanto me parece ofensivo e inconducente que alguien (no sé quién lo comentó en este foro) afirme que detrás de Casciari está Schávelzon. Como lector, admirador y distribuidor de la revista le pido a quien lo haya escrito que se haga cargo de ello y presente pruebas de tamaña barbaridad, porque quienes apostamos por Orsai cuando aún no existía (compramos y pagamos por adelantado el Nº 1 de la revista), sabemos de primera mano cómo se gestó todo esto. Personalmente lo sé de boca de Hernán, por tanto procuremos ser respetuosos y no opinar como si fuésemos adolescentes. Orsai se gestó desde la ilusión, cierta ingenuidad e inciertas expectativas, pero es algo 100% genuino, eso lo sabe todo aquel que sigue el blog de Hernán hace al menos un año. Por tanto, afirmar que detrás de Casciari se encuentra Guillermo Schávelzon es muy malintencionado.

Quien conozca a Hernán sabe que tiene una calidad humana y una capacidad de trabajo que ya quisiéramos tener la mayoría de nosotros. Creo que cierta crítica con mala espina nace de la imposibilidad personal de no atreverse a realizar un sueño personal como está llevando adelante Casciari, con un apoyo de sus lectores inédito y muy movilizador. Toda persona sana debería alegrarse de que Orsai sea una realidad, porque a fin de cuentas enriquece este mundo editorial anquilosado en el que ya no suelen irrumpir demasiados Quijotes.

Como dice Casciari, «Orsai ya no es una revista, ni una editorial ni un bar, sino un proyecto de mucha gente». Esa «mucha gente» que apoyamos su proyecto nos sentimos orgullosos e ilusionados por lo que se está gestando, por tanto me parece muy válido que no estén de acuerdo con la impronta que motoriza Orsai, pero por favor tengan la delicadeza de opinar con respeto y un mínimo criterio si no conocen realmente la esencia de todo esto. Gracias.

Polémica sobre «Orsai» (30/11/2011)


Más allá de juicios y prejuicios, creo que la apuesta de Hernán Casciari con Orsai —sumada al hecho de haber «pateado el tablero»— nos invita a repensar las particulares lógicas con las que se maneja el mundo editorial tradicional en el contexto del descomunal cambio de paradigma que se está produciendo con la irrupción de Internet y los nuevos soportes digitales.
Evidentemente, el «Caso Orsai» suscita tantos admiradores como detractores porque pone sobre el tapete el replanteo de un negocio que ha permanecido casi inalterable por muchas décadas, a pesar de las quejas más o menos solapadas de tantos de nosotros. En muchos casos quejas cobardes, anónimas, por miedo a perder el trabajo, los clientes, las colaboraciones, los subsidios. Es comprensible.
En ese contexto (y con esa lógica) entiendo que hay que analizar la apuesta de Casciari, que ha hecho una renuncia muy valiente, máxime cuando no es precisamente hijo de aristócratas y deberá generar ingresos para darle de comer sus hijos, triunfe o no su proyecto a largo plazo. Él sabe que pocos le darán trabajo si intenta volver a publicar o escribir en los medios a los que renunció enfática y públicamente.
¿Quién de nosotros tiene el talento, la voluntad y el coraje de renunciar al lugar que ocupaba Hernán Casciari? Me atrevo a decir que muy pocos de nosotros, incluso un porcentaje menor que el que las editoriales le dan a los autores de sus libros. El revuelo provocado por Orsai me parece muy sustancial, sano, en un momento en el que ese debate se torna fundamental para el futuro del mundo editorial, léase para el futuro profesional de muchos de nosotros. Debería ayudarnos, a todos, a mirarnos al espejo y luchar para que los profesionales de la cadena de valor del libro intentemos replantear nuestro rol, nuestro «valor» (simbólico y económico) dentro del largo, complejo y apasionante proceso que culmina en un libro bien editado.
Concluyendo, creo que la zozobra que provoca el «Caso Orsai» va mucho más allá del propio caso puntual, es más subterránea que superficial y cunde en cada uno de nosotros. Allí radica su fuerza. Bien gestionado puedo provocar una mejora en el ecosistema editorial a mediano y largo plazo si la enorme difusión de Orsai logra que todos debatamos con franqueza cómo estamos y cómo queremos estar, cómo trabajamos y cómo creemos que deberíamos hacerlo a partir de hoy. Tal vez esto sea el principio de algo. Aunque no lo parezca, debemos usar la inteligencia colectiva para generar una sinergia que nos permita mejorar, sin generar «bandos», sino alternativas para el mundo editorial del siglo XXI. El futuro ya llegó y las rotativas no van a parar.

sábado, 17 de abril de 2010

«Goorwell»

¿«Pesadilla orwelliana» o «Maravilla californiana»?

Mil novecientas ochenta y cuatro veces por día recurrimos al «comodín». ¿Dónde está el límite entre la maravilla y la pesadilla? Tal vez ese límite tenga fronteras fluctuantes, pero lo que es seguro es que debe establecerse con el parámetro de una educación menos virtual y más real para las nuevas generaciones.

Lo virtual, indefectiblemente, nace de lo real. Y no al revés. Sin una sólida base real, navegar en el mundo virtual se tornará una odisea que llenará de náufragos las costas del océano del conocimiento humano. Que puede acabar por hundirnos en una fosa abisal que no nos permita razonar y comprender más que superficialmente.

¿«Gran aliado» o «Gran Hermano»?

Sin duda la irrupción de Google es un hecho histórico-cultural que cambió la matriz de nuestro modo de trabajar, relacionarnos, aprender, comparar, informarnos y representa un «cambio de paradigma» en la historia contemporánea.

Pero no podemos darnos el lujo de permitir que el deslumbramiento nos impida ver la amplitud de horizontes de la realidad, la multiplicidad de tonos y matices que conforman nuestra cosmovisión como individuos y como miembros de una sociedad que lucha por no caer en neoinquisiciones más o menos veladas.

¿«Tecnologías en la educación» o «Educación en las tecnologías»?

Las nuevas tecnologías no son buenas ni malas per se, sino que todo depende del uso que hagamos de ellas, con nuestra responsabilidad individual y social como armadura. La solución no surgirá ni con la demonización ni mucho menos con el endiosamiento de Google, sino en el justo medio, con la mayor escala de grises de la que seamos capaces.

Sus mil tentáculos podrán ser usados a favor o en contra de nuestros intereses particulares en la medida en que nos dotemos —y dotemos a nuestros hijos— de las armas para discernir cuáles son sus ventajas y desventajas, cuáles sus fortalezas y debilidades, sus peligros y virtudes.

¿«Arma de construcción masiva» o «Arma deconstrucción masiva»?

Estamos en una etapa clave del naciente Capitalismo 3.0, en la que las fronteras entre lo real y lo virtual están difuminadas simplemente porque aún no hemos sido capaces de señalarlas con claridad. El gran desafío del presente es capacitarnos para comprender la real dimensión del fenómeno virtual más real de la historia.

¿Cuál será el parámetro para cerciorarnos de que captamos la dimensión de ésta revolución? Tal vez el hecho de tomar conciencia del buen y mal uso de ésta herramienta, demarcando fronteras menos nebulosas entre uso y abuso de un arma de construcción masiva que puede derivar en deconstrucción masiva de nuestra cultura.

martes, 2 de marzo de 2010

«a.G.»

I. El mundo a.G.

¿Cómo éramos antes de Google? ¿Cómo éramos antes de que «Google», una palabrita rara, se convierta en «Godgle», una palabrota ineludible, que busca a todas las demás palabras? En lo personal, ésta es una postal de mi pasado a.G.:

Corría el año 1997. «Estoy leyendo un libro de historia, plagado de referencias. ¿Quiénes eran los maquis? Busco el mi manoseado diccionario de bolsillo, siempre a mano. Mientras busco, me detengo media docena de veces, curioseando. Quince minutos después, sigo sin saber quiénes son los maquis, porque no figura esa palabra.

Voy al comedor, busco en la «M» del Diccionario de la Real Academia Española: acá está, «maqui» (Voz mapuche). Arbusto chileno, de la familia de las Liliáceas, de unos tres metros de altura… Pero no tiene nada que ver con lo que busco. Solo me queda la opción del Diccionario enciclopédico, a ver. Ma… «Maquiavelo, Nicolás» (leo otros cinco minutos).

¿Qué buscaba? Bufff. Hace media hora que paré de leer para buscar una palabreja y ahora sé que Maquiavelo nació en Florencia en 1469 y que en Chile hay una árbol que se llama maqui, pero sigo sin saber qué diablos son los maquis. Bueno, otra vez será, no tengo dónde seguir buscando y a la biblioteca no tengo tiempo de ir...».

II. El mundo d.G.

Quiero buscar qué es Google, pero, ¿dónde? ¿Qué otro Google hay fuera de él? ¿Existe algo fuera de él? ¿Hay otros buscadores? Ha ocupado un lugar tan preeminente que podría bautizarlo como una especie de Bayaspirina virtual, muchos no saben que Google es un «motor de búsqueda», pero todos saben para qué sirve. Y eso es lo que le sirve a Google. ¿A Google le sirve más servirnos que a nosotros que él nos sirva? Sirvientes, servidores, servidumbres. ¿Who made Who?

Su eslogan es Don’t Be Evil (No seas malvado). Según su partida de nacimiento, Google nació el 7 de septiembre de 1998. No tiene madre, pero sí dos padres: Larry Page y Sergey Brin, dos estudiantes de doctorado en Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford. Por lo tanto, el buscador más buscado es hijo de un matrimonio moderno. De esos que por ahora sólo se aceptan en California, Ámsterdam y pocos sitios más.

III. Bing. ¿Bingo para Bill?

En 2009 nace Bing, el buscador de Microsoft, hijo de padre estadounidense y madre desconocida. ¿Guatemala o Guatepeor? Personalmente, prefiero que haya al menos un oligopolio del poder 3.0 en vez de un monopolio. Prefiero que al menos haya dos contendientes que se disputen nuestras preferencias, a que al menos podamos optar entre dos propuestas, aunque evidentemente sean —mal que nos pese— similares en su concepción más primigenia, en la ideología que las motoriza.

Preferiría una diversidad virtual mucho más real, mucho más democrática, muchas más opciones para elegir, pero ciñéndonos a la realidad de hoy, del viernes 26 de febrero de 2010, si tiene que haber un Big Brother, prefiero a Google y no a Bill Hates, que obligó al mundo a depender de la mediocridad de su Windows, plagado de fallos, complicado, inestable. Una verdadera chapuza virtual.

Sé que hablo de software por un lado y hardware por otro. Cada uno reina en su campo. Pero se disputa cada día con más virulencia el otro campo, el que les falta por conquistar, es por eso que en realidad estamos hablando del mismo gran objetivo estratégico de ambos.

Los dos quieren revivir una especie Sacro Imperio Romano Virtual, reinando en ambos campos (de batalla). ¿Tendrán, ellos también, «pies de barro»? Y es allí dónde personalmente me pregunto cuál de los dos monstruos es menos peligroso. Las nuevas dominaciones ya no pasan por las naciones, sino por las nociones. Noción de saber dónde estamos para tratar de estar donde deseamos, siendo conscientes de las implicancias que tienen las nuevas tecnologías, para intentar no caer en lo más fácil: tecnofilia o tecnofobia.

IV. Huellas digitales de la historia contemporánea

Tal vez, en un futuro no muy lejano, la historia contemporánea se escriba teniendo en cuenta si un hábito, hecho o acontecimiento tuvo lugar «antes o después de Google».

La rapidez con que se propagó, transformándose en apéndice de nuestra mente, fue casi tan rápida como el tiempo que demora en buscar el nombre de esa empresa o persona que acabamos de conocer en el mundo real y ya estamos pensando en llegar a casa y Googlear para ver qué nos depara el omnisciente sabelotodo virtual en el que confiamos demasiado y demasiado rápido. Que a su vez se alimenta de éste mundo palpable en el que ahora mismo estoy tipeando y tratando de transmitir mis impresiones.

Es un juego de espejos entre realidades tangibles y virtuales que se retroalimentan, informan y deforman mutuamente, incidiendo y reincidiendo en nuestra mente de formas que nos afectan consciente e inconscientemente. Tal vez la clave para comprenderlo y comprendernos mejor sea dilucidar cuáles son los espejos cóncavos y cuáles los convexos.

martes, 12 de enero de 2010

Editores & distribuidores

¿Mercado editorial sin editores?

Es un absurdo, un contrasentido. Si el mercado "editorial" deja de tener "editores", lógicamente deja de ser un "mercado editorial", cambiando de naturaleza para convertirse en algo obviamente de inferior calidad, sea lo que fuere.
La "Edición" (con mayúsculas) es una profesión con una historia de muchos siglos, las nuevas tecnologías están modificando los soportes, no los contenidos. Las preguntas son qué y cómo editar, no quién debe hacerlo.
No debemos dejar encandilarnos por el brillo cegador de ciertas tecnologías que pretenden, en vano, suplir el papel fundamental que desempeñamos los editores.

¿Mercado editorial sin distribuidores?

No solo es posible, sino necesario para el ecosistema futuro. La función de los distribuidores es meramente logística, fundamental en el sentido físico, pero que no aporta ningún valor añadido al libro como soporte de cultura y/o entretenimiento. Solo le agrega un fuerte incremento al P.V.P.
Aquí sí las nuevas tecnologías tienen mucho que revolucionar. Y ya están comenzando a hacerlo. La edición del futuro, a mi juicio, debería centrarse en pagar mejor a traductores, diseñadores, editores y correctores, en detrimento de distribuidores.
Ello redundaría en libros mejor editados y un mundo editorial que retribuya mejor a quienes realmente generamos valor agregado con nuestros conocimientos, habilidades y pasión.

martes, 5 de enero de 2010

"Los editores españoles van a equivocarse con el e-book"

Reflexión sobre el artículo "Mi visión del libro electrónico y las librerías", publicado en http://www.econectados.com el 5/1/2010:

Estimados colegas:

Me resulta gratificante constatar la cantidad de respuestas que genera un artículo de ésta naturaleza. La posición del autor me parece acertada como tendencia, a grosso modo, pero tiene varios puntos débiles y otros que no tiene en cuenta. La visión de "un año más o un año menos en librerías" me parece demasiado apocalíptica. La historia humana -e incluso la historia de la tecnología- demuestra que cualquier cambio de paradigma, aunque se trate del mundo digital, es gradual. Y creo ello se debe, precisamente, a la naturaleza humana. Creo que el aspecto menos convincente del artículo radica en la creencia de que el lector promedio se rasga sus vestiduras por pasar del formato papel al electrónico. Y en ese punto, discrepo completamente. Los impulsores del fenómeno son, en primer lugar, los más interesados en el cambio: Amazon y todas las pequeñas o grandes rémoras que vienen detrás, que pretenden captar una masa crítica de lectores/consumidores que les permita dar el gran salto. Pero tanto el autor del artículo como Amazon omiten consciente o inconscientemente que hay un factor fundamental -el factor humano- que hace que exista una resistencia al cambio, en mucho casos por la explícita y sencilla razón de que muchos no queremos leer un e-book, mucho más allá de practicidad y precio. El actor de leer es un acto de solaz, relajación, placer, distensión, aprendizaje, ocio productivo. Y llega a ser un acto estético en el que intervienen los cinco sentidos, cosa que no puede brindar un libro electrónico, da igual su precio o su disponibilidad. Para muchos, y me incluyo, el acto de leer es un hábito ligado a muchos aspectos cotidianos que van mucho más allá de "bajarse" un e-book. Otro punto que se omite es que somos un buen porcentaje los lectores que no queremos elegir un libro por un catálogo de Amazon o Barnes & Noble, sino que disfrutamos mucho del ritual que comporta todo lo previo a la adquisición de un libro en papel, vale decir visitar un par de librerías, ojear, hojear, manosear, oler y leer alguna página del libro que nos interesa. Respecto a los editores, si bien coincido en que están diagnosticando algo tarde el fenómeno, no tengo claro si se equivocan tanto como dicen aquí. No olvidemos que el mercado iberoamericano no tiene mucho que ver con el anglosajón, que siempre ha tardado una década más que su homólogo del norte en adoptar las nuevas tecnologías. El punto álgido es que no hablamos de adoptar una nueva versión de Windows, que sí podría suceder en uno o dos años, sino de que todos los actores de un mercado editorial -cuyas dinámicas obedecen a una lógica particular que además posee componentes ligados a una fuerte tradición- se vuelquen hacia algo sustancialmente diferente en cuánto a modos de consumo cultural. Pretender siquiera soñar que ese puede cambiar radicalmente durante 2010 es poco menos que naïf. Concluyendo, más allá de los problemas, falencias, vicios y déficits con los que cuenta la dinámica que mueve el mercado editorial tal como lo conocemos, los cambios que ya han comenzado a producirse serán graduales, aunque haya un "salto digital" mundial entre 2010 y 2012, España aún demorará dos o tres años más en vivirlo. El verdadero cambio se producirá a partir de 2010 en Estados Unidos, Alemania y Japón, seguido de Francia, Canadá y tal vez los países nórdicos, pero la tendencia no se implantará ni tan fácil ni tan velozmente en el resto de Europa y el mundo. Nada sucede en un año, ni siquiera en el nuevo mundo digital. El declive de la librería tradicional será gradual, además de que ya se buscan modos de "aggiornarla" para intentar adaptarla a los nuevos modos de consumo cultural, por tanto pretender que las librerías como tal desaparecerán de aquí a 2012 es poco menos que ingenuo. Julián Chappa · www.ediciona.com

viernes, 25 de diciembre de 2009

2030

En 2030, una supercomputadora llamada Cyborges IV será la encargada de editar la totalidad de los libros que se publiquen en Barcelona. Los libros podrán comprarse ya leídos, es decir que un usuario podrá optar por comprarlo en formato papel, digital o digital ya leído. ¿Cómo es eso? Pues consistirá en que el usuario se conectará a la web de Cyborges IV y -previo pago electrónico- se bajará directamente a su cerebro, a través de un microchip que el Estado nos habrá implantado, el libro que desee o necesite.

¿Ventajas? Quien tenga dinero, podrá convertirse en una persona culta con solo pagar por ello, ya que podrá incorporar a su cerebro las obras completas de Borges en apenas unos minutos, para luego asistir relajado y confiado a una cena oficial en la Embajada Argentina de Berlín, haciendo gala de sus conocimientos borgeanos.

La Seguridad Social de cada país proveerá de un microchip de uso obligatorio y gratuito, pero con solo los Terabytes suficientes para que almacenemos lo que al Estado le convenga (aspectos impositivos sobre todo), pero luego cada usuario decidirá ampliar cuantas veces quiera la capacidad de su memoria cerebral añadida.

En éste contexto, el acceso a la cultura estará supeditado al poder adquisitivo de cada cual, con lo que la democratización de la cultura se irá al garete, ya que el acceso a los mejores puestos de trabajo y al Poder irán de la mano con el dinero que cada uno pueda invertir en la ampliación ad infinitum de su memoria extendida. 

Predicciones editoreales

Estamos ante una ola digitalizadora que no creo que obedezca tanto a una necesidad o anhelo de la gente, sino a una imposición de las multinacionales, mil veces amplificada por supuesto con encuestas que hacen creer a muchos que es la sociedad la que decide volcarse a leer e-books.

A diferencia de la tendencia mayoritaria, creo que la digitalización acabará imponiéndose por la fuerza, la fuerza del marketing, aliado con el esnobismo de estar "a la última" que lamentablemente todo lo contamina. 

La nueva moda digital acabará imponiéndose y generalizándose hacia 2015. Pero hasta entonces, creo que el volumen de la edición en papel continuará aumentando, aunque cada año más tímidamente, entre 2010 y 2015.

Contrariamente a lo que pueda indicar la lógica, creo que a partir de 2015, si bien el volumen anual de libros editados en papel comenzará un lento declive, ese mismo proceso acabará por convertir, nuevamente, al libros en papel como un objeto de culto.

Para cualquier empresa o particular será más prestigioso regalar o consumir un libro en papel que el impersonal e-book, que -a pesar de su indudable practicidad- acabará por aburrir a buena parte de los usuarios, sobre todo a las generaciones de inmigrantes digitales nacidos antes de 1980.

El libro en papel se transformará en un factor de diferenciación, y sufrirá un lento resurgimiento luego de la furia inicial del e-book, que hará su agosto entre 2015 y 2020. Es decir que lo peor para el libro en papel será el quinquenio 2015-2020.

Hacia 2020, la hiperdigitalización tecnológica provocará un "efecto rechazo", ya que la gente buscará -en sus momentos de ocio- desligarse de todo lo que sea digital, debido a que el exceso de tecnologías utilizadas por todos en el ámbito laboral acabará por saturarnos, por lo cual volveremos a tener la necesidad de tocar, manipular, oler y disfrutar del libro en papel.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Embrión editorial

¿Porqué todas las grandes editoriales españolas prefieren pagar derechos de traducción y pagar a un traductor para volcar al español toneladas de obras mediocres del mundo anglosajón, en vez de potenciar la riquísima cantera de jóvenes autores iberoamericanos?

Me dirán que soy un ingenuo, que la respuesta es obvia, que el motivo es puramente económico. Yo de todos modos sigo creyendo que hay un componente de desidia, de falta de pasión por lo que se hace, de proyección y de protección de lo nuestro.

Entiendo que no sólo les resultaría más rentable, sino que además fundamentalmente contribuiría a desarrollar el mercado en nuestro idioma, el segundo más hablado en el mundo y con excelentes perspectivas futuras, con un número creciente de hablantes en todo el planeta.

Respecto a los propios editores, ellos saldrían claramente beneficiados, debido a que podrían dedicarse a hacer una verdadera labor de editores, ya que dejarían de ser simples compradores de "productos" anglosajones, ya hechos, ya testeados, ya editados en otros países.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Normas de estilo (Mario Muchnik)

et al.: et alii, y otros

op. cit.: opere citato, en la obra citada

ms., mss.: manuscrito, manuscritos

Dos puntos: después de dos puntos se sigue con minúscula excepto si lo que sigue es una cita textual.

- Había tres personas: dos mujeres y un niño.

- Había tres personas y él aclaró: “Dos mujeres y un niño”.

En denominaciones compuestas, sólo la primera palabra va con mayúsculas, salvo cuando existe la sigla:

- Primera guerra mundial

- Confederación General de Trabajadores

Referencias bibliográficas:

Libros:

Autor, Título, cap., pág., etc., Lugar de edición, Editorial, fecha.

Artículos de revista:

Autor, “Título del artículo”, en Título de la revista, Nº, vol., pág., etc., Lugar de edición, Editorial, fecha.

Satisfacer: se conjuga como hacer. De allí que “satisf(i)cieron”, no satisf(a)cieron.

Raptar: sólo se rapta a una mujer a la que se sustrae con engaño y contra su voluntad de la casa paterna. Se SECUESTRA a un niño, otra persona o un avión con el fin de exigir a cambio dinero u otros bienes.

El (algún) agua fresca.

NO esta agua fresca.

El (algún) aula.

NO esta aula.

El (algún) área.

NO esta área.

El (algún) hambre.

NO esta hambre.

Hispanoparlante: NO existe, como tampoco el francófono ni el francoparlante. Existe sólo el hispanohablante.

sentaos y no sentaros

quedaos y no quedaros

mudaos y no mudaros

cambiaos y no cambiaros

Me CAUSO alegría. Nunca me PROVOCO alegría

MASACRE/MASACRADOS no se usa en español, MATANZA es la palabra.

Medio Oriente y no Oriente medio.

MONOSÍLABOS:

Nunca jamás se acentúan EXCEPTO para evitar confusión con otros significados:

Dio y no dio

Fue y no fue

Fui y no fui

Che (Guevara) y no Ché

Pie y no pié, excepto si es el verbo PIAR.

Fe y no fé

MOTU PROPIO

Jamás con preposición: motu propio y no “de” o “por” motu propio.

PLANTEAR:

Se PLANTEA un problema, pero se PROPONE una solución. Nunca “se plantea una solución”.

Porqué, porque, por qué: cuando se sustantiva como causa de algo, se debe acentuar:

¿Por qué se dio Juan a la bebida?

Del porqué Juan se dio a la bebida

Juan se dio a la bebida porque era tonto

Psiquiátrico: nadie jamás ha sufrido TRASTORNOS PSIQUIATRICOS, sino TRASTORNOS PSÍQUICOS, por lo que se lo pudo haber sometido a TRATAMIENTO PSIQUIATRICO.

Que, cual, quien, cual, cuanto, cuando, donde: llevan acento gráfico cuando funcionan como PRONOMBRES, dentro o fuera de signos de interrogación o admiración, y no lo llevan cuando son partículas  de relación:

No sé qué dijo, sólo sé que lo dijo

Dijo que cuando llegara avisaría,  pero no especificó cuándo

Venga de donde venga, no sabemos a dónde va.

Enrique Murillo

Conoce a Schávelzon y es amigo de Jordi Nadal (Plataforma) y de Javier Aparicio Maydeu (Posgrado Edición Universidad Pompeu Fabra).

El insulto en español (diccionario).

El insulto en español, de la A a la Z.

Forro. Profiláctico. Boludo, pelotudo. ¿Idolo o forro? Antonio Gasalla llevó la cuestión a la televisión argentina en los 90 y puso la palabra en boca de todos. “El Diccionario de la Injuria” demandó cuatro años de investigación. Sus autores sostienen que bajo el insulto se encuentran claves del lenguaje. Zonzo, poco diestro, torpe. Abombado, alcaucil, bambaco, bobalicón, bobeti. Gil, bah. En el arte del insulto las posibilidades son casi infinitas. De ahí que para algunos sea más fácil decir “zapallo” o “nabo", otros opten por un más almacenero “salame", y haya quienes consideren un mamerto al que para decir “tonto” elija “zanahoria".

¿Confunde? Para resolver esas y muchas otras dudas, y con un objetivo tan antropológico como didáctico, Sergio Bufano (periodista) y Jorge Perednik (poeta) reunieron todas estas opciones en su flamante “Diccionario de la Injuria", de editorial Losada, que estará en las librerías a partir de la próxima semana. Editado en Argentina, es el primer diccionario de este tipo y compila la mayor parte de insultos argentinos y latinoamericanos, además de los españoles que son los que más frecuentemente aparecen en los diccionarios.

“La carga extra de goce de estas palabras lleva a aumentar su producción, pero el mismo goce de esta producción, en su necesidad de satisfacerse, deja atrás innumerables palabras para seguir fabricando otras", explica Bufano.

Semejante relevamiento les llevó cuatro años y casi 300 páginas de recopilación, información e intercambio con hispanohablantes de España y América.

“Lo que más me sorprendió es la riqueza y creatividad de los insultos en otros países de América latina", cuenta Bufano. “Nosotros, los argentinos, pareciéramos habernos quedado más con el insulto que alude a lo sexual o a la madre, pero me pareció muy divertido que los mexicanos usen la expresión gustador de arroz con popote (sorbete)’ para decir que un hombre es homosexual".

Cabe, sin embargo, señalar en defensa de los argentinos que los mexicanos le dan a la palabra “chingada"— que en principio quiere decir tener relaciones sexuales— más de 100 significados diferentes según como se aplique. Y que hay en nuestro acervo insultos geniales como el de “ñoqui” (por el que llega el 29 de cada mes sólo a cobrar) o “kolynos” (para quien le faltan todos los dientes) que se destacan de la más común alusión a los órganos sexuales, el color de la piel, la religión o el ancho de las caderas.

Además de otros que por algún motivo nos impiden entendernos bien con otros latinoamericanos (¿como se explica que acá “perro” sea alguien malo o un jugador de fútbol con pocas habilidades y en Perú aluda a quien tiene mal olor en los pies?).

Para Jorge Perednik, en tanto, el insulto es un momento importante en nuestra cultura porque “a través de él se produce un desvío de la violencia física hacia la verbal, lo que produce un ejercicio dialéctico del enfrentamiento y es positivo al menos en términos de la salud y la especie". “Lo complicado —continúa Bufano— es cuando un grupo opta por utilizar siempre la misma palabra para decir muchas cosas diferentes. Que es lo que les pasa a muchos argentinos con la palabra boludo".

Ya sea que haga referencia a la opción sexual, la nacionalidad, la etnia, el coeficiente intelectual o las características físicas, la realidad es que la injuria que Jorge Luis Borges elevó al nivel de arte y Bufano y Perednik consideran demasiado efectista como para serlo habla tanto de quien insulta como de quien es insultado.

Libros sobre Edición

El control de la palabra (André Schiffrin, Anagrama, 2006).


Confesiones de una editora poco mentirosa (Esther Tusquets, RqueR, junio de 2005).


José Martínez de Sousa: 1. Diccionario de bibliología y ciencias. 2. Diccionario de edición, tipografía y... 3. Diccionario de lexicografía práctica. 4. Diccionario de ortografía de la lengua. 5. Diccionario de ortografía técnica. 6. Diccionario de redacción y estilo. 7. Diccionario de tipografía y del libro. 8. Diccionario de usos y dudas del español. 9. Manual de estilo de la lengua española.  

«Perdón, imposible» (citas)

«Perdón, imposible» (José Antonio Millán, RBA, 2005)

El veneciano Aldo Manuzio (1450-1515), el mejor de los impresores de su época –equivalente casi a los editores actuales- fue el instaurador de un modelo de libro que se ha mantenido hasta nuestros días.

Debemos al taller de Manuzio la aparición de la letra cursiva, más legible que la gótica que se veía usando en imprenta (y que se basó en la letra humanista manuescrita).

También aportó una puesta en página equilibrada con un sabio uso de los espacios en blanco en los márgenes, e incluso un formato nuevo: el de bolsillo.

Su emblema fue el ancla y el delfín –luego utilizado repetidamente- y el lema “festina lente” (apresúrate despacio), auténtica clave del trabajo editorial.

**

La imprenta ayudó a extender y uniformizar el uso de los signos de puntuación, aunque durante siglos hubo usos muy diferentes, con variantes en distintos países.

Para el español, el impulso unificador vino de la Real Academia, que en 1742 incluía el embrión de los usos modernos en su “Ortographía” (por cierto, la puntuación se ha considerado siempre parte de la ortografía, aunque en el sentido popular, ortografía es lo que tiene que ver con las letras, mientras la puntuación se ocuparía de los signos. Pero hasta mediados del siglo XIX no podemos encontrar un sistema de puntuación estable.

**

El punto y coma aparece en español en el siglo XVI, aunque con escaso uso.

En el Renacimiento fue muy frecuente que los : se llamaran “coma”, de hecho cumplían la función que hoy tiene la coma.

EN FRANCÉS, es común dejar un espacio ANTES y otro DESPUÉS de los dos puntos. “decía : el…”

El paréntesis aparece en los primeros libros impresos a finales del siglo XV, aunque ya era usado en los manuscritos. Su nombre proviene del griego “paréntesis” (poner al lado). Su misma forma recuerda dos manos curvadas que agarraran una porción de la frase, dice el maestro del XVII Jiménez Patón: “Paréntesis es un círculo grande, partido por medio, que abraza la razón inserta”.

En las últimas décadas (quizá por influencia del inglés), está cundiendo en uso de rayas en la función del paréntesis. Su función es exactamente la misma.

Si el narrador hace un comentario al final de la frase, no se cierra la raya de diálogo.

El signo ¶ o “calderón” es una forma especial de la letra P, inicial de “paragraphus”, palabra latina para “párrafo”. En los ordenadores este signo se utiliza precisamente para indicar el final del párrafo.

“Lo dijo Blas, punto redondo”: frase irónica que se utiliza para expresar que algo que otro ha dicho no se considera, ni mucho menos, cierto.

Comillas: latinas (« »), inglesas (“ ”) y simples (‘ ’).  

Misceláneas de editor.es

              Su relación personal con los escritores es decisiva. Actúa como una comadrona literaria, un analista, un hombre de negocios y un mecenas. Cuando más estrechas sean las relaciones entre ambos, cumpliendo funciones de emitir y recibir noticias que sirvan para prever tendencias futuras. 

El editor no pretende con sus libros tanto satisfacer necesidades como crear otras nuevas.

Tiene como tareas (debe tener) la de saber desatar las energoas delos autores, descubrir la potencialidad de cada uno y encauzarla correctamente, para que el autor pueda crecer y asi hacer crecer nuestro objetivo como editor de ese autor.

Es el primer socio del autor, su primer interlocutor en el enjuiciamiento  del amnuscrito ye en un posible trabajo que le proporcione ese máximo de sustancia y calidad  del que es capaz cada escritor.

La clave hoy son las alianzas estratégicas.

Los chicos de hoy, a los 6 años, no tienen aún internalizado el idioma ni la lectoescritura, sin embrago se inician en la informática y los padres creen que están ante un genio, y sólo es un semianalfabeto.

Todos los problemas de la alfabetización comenzaron cuando se decidió que escribir no era una profesión sino una obligación y que leer no era una marca de sabiduría sino marca de ciudadanía.

“Dime qué lees y te diré quien eres.” (J. Claretie)

miércoles, 18 de noviembre de 2009

«Godgle» (IV)

Inexorable «signo de los tiempos»

 

Todo emprendimiento tecnológico con tan profundas implicaciones socio-culturales, lógicamente, crea un gran escepticismo inicial por la infinidad de implicaciones que conlleva. Pero no olvidemos que un emprendimiento de ésta naturaleza y envergadura es inexorable en la coyuntura histórica en la que estamos inmersos, teniendo en cuenta la vertiginosa evolución de las nuevas tecnologías digitales.

De cerrarle las puertas a Google, debemos saber que de todos modos, más temprano que tarde, lo intentarán otros Dioses 2.0, pero desconocemos si éstos otros están dispuestos a hacerlo con acceso gratuito como —al menos en principio— lo plantea Google Books.


Marco legal

 

Google tiene derecho a continuar con su «Cruzada Digitalizadora», y lo hará valer usando cada resquicio, intersticio y grieta que encuentre en los límites de la legalidad, en ocasiones difusa, sobre todo en relación a las nuevas tecnologías, campo en el que no es infrecuente toparse con vacíos legales.

Google detectó un nicho de mercado, incluso podríamos decir que lo creó —así como creó otros tantos productos y servicios innovadores— y usa esa posición dominante para acrecentar su dominio, pero ¿si no avasalla los derechos de autor, siguen existiendo motivos para rechazar la creación de una futura «Biblioteca Digital Mundial»?

 

Google Books y editores: ¿enemigos o aliados?

 

¿Existe una disyuntiva real? ¿Es correcto plantearlo como una guerra? Ya son varias las grandes bibliotecas mundiales que han firmado acuerdos o preacuerdos con Google Books para digitalizar sus fondos. Y, lógicamente, esa es la aspiración de cualquier biblioteca del mundo, independientemente de su ubicación geográfica.

El escollo es el costo de dicha digitalización, he ahí porqué nadie se ha ofrecido a hacerlo hasta hoy, ni siquiera los gobiernos de los países más ricos del planeta.

Bien planteada —respetando los derechos de autor y las leyes vigentes— la alianza de Google Books con editores, bibliotecas y gobiernos podría resultar muy beneficiosa tanto para ellos como para usuarios y autores.

 

Bibliotecas: ¿existe realmente un «bibliotecaos»?

 

¿Es éste el quid de la cuestión? Uno de los puntos álgidos en la disputa es la digitalización de bibliotecas públicas, ya que si determinada gran biblioteca acepta digitalizar su patrimonio, estará aceptando —y legitimando legalmente— que Google Books haga uso de libros que tienen derechos de autor y una editorial que los ha editado en papel, todo ello sin pagar a autores y editores.

Pero no es menos cierto que Google Books ya está buscando el modo de acordar con ambas partes, ya que sabe que buena parte de los autores es consciente de que también es una oportunidad de difundir su obra y generar ganancias, constituyéndose en otra vía alternativa pero sinérgica de potenciar la difusión y venta de su propiedad intelectual, reputación y prestigio profesional.

 

Digitimes

 

El salto que intenta Google Books es tan rupturista que su materia gris trata de no darles tiempo ni a a competencia ni a nosotros como usuarios a que tomemos conciencia de la real dimensión que implica la «Digitalización 3.0». Y hacen bien, si lo piensan como mero negocio.

Precisamente por eso nosotros debemos pensar como usuarios y no dejarnos llevar por las esporas que Google esparce por toda la faz de la Tierra.

Pensemos por nuestra cuenta, no permitamos que decidan por nosotros ni los gobiernos, ni Google, ni ambos juntos. Nosotros también poseemos mucho poder (de convocatoria, de decisión, como opinión pública). Ejerzámoslo contra viento y marea, ejerzamos un escepticismo crítico, no somos meros espectadores. Y si lo somos, no deberíamos serlo.

 

Godgle: ¿más o menos que su reputación?

 

  Aunque a fin de cuentas coincidamos, no nos dejemos llevar por la riada del deslumbramiento que produce éste nuevo     Dios 3.0 sin pensar por nosotros mismos. No creamos a pie juntillas en el Dios 3.0. Creemos un contrapoder social        para que Godgle sepa que sin creyentes no habrá Dios. Y el siglo xxi exige dioses que nos faciliten las cosas o no    tendrán nuestro apoyo. Ayudemos a Godgle a que nos ayude. Y no es una mero juego de palabras.