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Políticamente corrector (de estilete)
jueves, 26 de abril de 2012
Enrique Murillo dixit (Sant Jordi 2012)
jueves, 1 de diciembre de 2011
Polémica sobre «Orsai» (1º/12/2011)
Polémica sobre «Orsai» (30/11/2011)
sábado, 17 de abril de 2010
«Goorwell»
Mil novecientas ochenta y cuatro veces por día recurrimos al «comodín». ¿Dónde está el límite entre la maravilla y la pesadilla? Tal vez ese límite tenga fronteras fluctuantes, pero lo que es seguro es que debe establecerse con el parámetro de una educación menos virtual y más real para las nuevas generaciones.
Lo virtual, indefectiblemente, nace de lo real. Y no al revés. Sin una sólida base real, navegar en el mundo virtual se tornará una odisea que llenará de náufragos las costas del océano del conocimiento humano. Que puede acabar por hundirnos en una fosa abisal que no nos permita razonar y comprender más que superficialmente.
¿«Gran aliado» o «Gran Hermano»?
Sin duda la irrupción de Google es un hecho histórico-cultural que cambió la matriz de nuestro modo de trabajar, relacionarnos, aprender, comparar, informarnos y representa un «cambio de paradigma» en la historia contemporánea.
Pero no podemos darnos el lujo de permitir que el deslumbramiento nos impida ver la amplitud de horizontes de la realidad, la multiplicidad de tonos y matices que conforman nuestra cosmovisión como individuos y como miembros de una sociedad que lucha por no caer en neoinquisiciones más o menos veladas.
¿«Tecnologías en la educación» o «Educación en las tecnologías»?
Las nuevas tecnologías no son buenas ni malas per se, sino que todo depende del uso que hagamos de ellas, con nuestra responsabilidad individual y social como armadura. La solución no surgirá ni con la demonización ni mucho menos con el endiosamiento de Google, sino en el justo medio, con la mayor escala de grises de la que seamos capaces.
Sus mil tentáculos podrán ser usados a favor o en contra de nuestros intereses particulares en la medida en que nos dotemos —y dotemos a nuestros hijos— de las armas para discernir cuáles son sus ventajas y desventajas, cuáles sus fortalezas y debilidades, sus peligros y virtudes.
¿«Arma de construcción masiva» o «Arma deconstrucción masiva»?
Estamos en una etapa clave del naciente Capitalismo 3.0, en la que las fronteras entre lo real y lo virtual están difuminadas simplemente porque aún no hemos sido capaces de señalarlas con claridad. El gran desafío del presente es capacitarnos para comprender la real dimensión del fenómeno virtual más real de la historia.
¿Cuál será el parámetro para cerciorarnos de que captamos la dimensión de ésta revolución? Tal vez el hecho de tomar conciencia del buen y mal uso de ésta herramienta, demarcando fronteras menos nebulosas entre uso y abuso de un arma de construcción masiva que puede derivar en deconstrucción masiva de nuestra cultura.
martes, 2 de marzo de 2010
«a.G.»
¿Cómo éramos antes de Google? ¿Cómo éramos antes de que «Google», una palabrita rara, se convierta en «Godgle», una palabrota ineludible, que busca a todas las demás palabras? En lo personal, ésta es una postal de mi pasado a.G.:
Corría el año 1997. «Estoy leyendo un libro de historia, plagado de referencias. ¿Quiénes eran los maquis? Busco el mi manoseado diccionario de bolsillo, siempre a mano. Mientras busco, me detengo media docena de veces, curioseando. Quince minutos después, sigo sin saber quiénes son los maquis, porque no figura esa palabra.
Voy al comedor, busco en la «M» del Diccionario de la Real Academia Española: acá está, «maqui» (Voz mapuche). Arbusto chileno, de la familia de las Liliáceas, de unos tres metros de altura… Pero no tiene nada que ver con lo que busco. Solo me queda la opción del Diccionario enciclopédico, a ver. Ma… «Maquiavelo, Nicolás» (leo otros cinco minutos).
¿Qué buscaba? Bufff. Hace media hora que paré de leer para buscar una palabreja y ahora sé que Maquiavelo nació en Florencia en 1469 y que en Chile hay una árbol que se llama maqui, pero sigo sin saber qué diablos son los maquis. Bueno, otra vez será, no tengo dónde seguir buscando y a la biblioteca no tengo tiempo de ir...».
II. El mundo d.G.
Quiero buscar qué es Google, pero, ¿dónde? ¿Qué otro Google hay fuera de él? ¿Existe algo fuera de él? ¿Hay otros buscadores? Ha ocupado un lugar tan preeminente que podría bautizarlo como una especie de Bayaspirina virtual, muchos no saben que Google es un «motor de búsqueda», pero todos saben para qué sirve. Y eso es lo que le sirve a Google. ¿A Google le sirve más servirnos que a nosotros que él nos sirva? Sirvientes, servidores, servidumbres. ¿Who made Who?
Su eslogan es Don’t Be Evil (No seas malvado). Según su partida de nacimiento, Google nació el 7 de septiembre de 1998. No tiene madre, pero sí dos padres: Larry Page y Sergey Brin, dos estudiantes de doctorado en Ciencias de la Computación de la Universidad de Stanford. Por lo tanto, el buscador más buscado es hijo de un matrimonio moderno. De esos que por ahora sólo se aceptan en California, Ámsterdam y pocos sitios más.
III. Bing. ¿Bingo para Bill?
En 2009 nace Bing, el buscador de Microsoft, hijo de padre estadounidense y madre desconocida. ¿Guatemala o Guatepeor? Personalmente, prefiero que haya al menos un oligopolio del poder 3.0 en vez de un monopolio. Prefiero que al menos haya dos contendientes que se disputen nuestras preferencias, a que al menos podamos optar entre dos propuestas, aunque evidentemente sean —mal que nos pese— similares en su concepción más primigenia, en la ideología que las motoriza.
Preferiría una diversidad virtual mucho más real, mucho más democrática, muchas más opciones para elegir, pero ciñéndonos a la realidad de hoy, del viernes 26 de febrero de 2010, si tiene que haber un Big Brother, prefiero a Google y no a Bill Hates, que obligó al mundo a depender de la mediocridad de su Windows, plagado de fallos, complicado, inestable. Una verdadera chapuza virtual.
Sé que hablo de software por un lado y hardware por otro. Cada uno reina en su campo. Pero se disputa cada día con más virulencia el otro campo, el que les falta por conquistar, es por eso que en realidad estamos hablando del mismo gran objetivo estratégico de ambos.
Los dos quieren revivir una especie Sacro Imperio Romano Virtual, reinando en ambos campos (de batalla). ¿Tendrán, ellos también, «pies de barro»? Y es allí dónde personalmente me pregunto cuál de los dos monstruos es menos peligroso. Las nuevas dominaciones ya no pasan por las naciones, sino por las nociones. Noción de saber dónde estamos para tratar de estar donde deseamos, siendo conscientes de las implicancias que tienen las nuevas tecnologías, para intentar no caer en lo más fácil: tecnofilia o tecnofobia.
IV. Huellas digitales de la historia contemporánea
Tal vez, en un futuro no muy lejano, la historia contemporánea se escriba teniendo en cuenta si un hábito, hecho o acontecimiento tuvo lugar «antes o después de Google».
La rapidez con que se propagó, transformándose en apéndice de nuestra mente, fue casi tan rápida como el tiempo que demora en buscar el nombre de esa empresa o persona que acabamos de conocer en el mundo real y ya estamos pensando en llegar a casa y Googlear para ver qué nos depara el omnisciente sabelotodo virtual en el que confiamos demasiado y demasiado rápido. Que a su vez se alimenta de éste mundo palpable en el que ahora mismo estoy tipeando y tratando de transmitir mis impresiones.
Es un juego de espejos entre realidades tangibles y virtuales que se retroalimentan, informan y deforman mutuamente, incidiendo y reincidiendo en nuestra mente de formas que nos afectan consciente e inconscientemente. Tal vez la clave para comprenderlo y comprendernos mejor sea dilucidar cuáles son los espejos cóncavos y cuáles los convexos.
martes, 12 de enero de 2010
Editores & distribuidores
Es un absurdo, un contrasentido. Si el mercado "editorial" deja de tener "editores", lógicamente deja de ser un "mercado editorial", cambiando de naturaleza para convertirse en algo obviamente de inferior calidad, sea lo que fuere.
La "Edición" (con mayúsculas) es una profesión con una historia de muchos siglos, las nuevas tecnologías están modificando los soportes, no los contenidos. Las preguntas son qué y cómo editar, no quién debe hacerlo.
No debemos dejar encandilarnos por el brillo cegador de ciertas tecnologías que pretenden, en vano, suplir el papel fundamental que desempeñamos los editores.
¿Mercado editorial sin distribuidores?
No solo es posible, sino necesario para el ecosistema futuro. La función de los distribuidores es meramente logística, fundamental en el sentido físico, pero que no aporta ningún valor añadido al libro como soporte de cultura y/o entretenimiento. Solo le agrega un fuerte incremento al P.V.P.
Aquí sí las nuevas tecnologías tienen mucho que revolucionar. Y ya están comenzando a hacerlo. La edición del futuro, a mi juicio, debería centrarse en pagar mejor a traductores, diseñadores, editores y correctores, en detrimento de distribuidores.
Ello redundaría en libros mejor editados y un mundo editorial que retribuya mejor a quienes realmente generamos valor agregado con nuestros conocimientos, habilidades y pasión.
martes, 5 de enero de 2010
"Los editores españoles van a equivocarse con el e-book"
viernes, 25 de diciembre de 2009
2030
Predicciones editoreales
miércoles, 23 de diciembre de 2009
Embrión editorial
viernes, 20 de noviembre de 2009
Normas de estilo (Mario Muchnik)
et al.: et alii, y otros
op. cit.: opere citato, en la obra citada
ms., mss.: manuscrito, manuscritos
Dos puntos: después de dos puntos se sigue con minúscula excepto si lo que sigue es una cita textual.
- Había tres personas: dos mujeres y un niño.
- Había tres personas y él aclaró: “Dos mujeres y un niño”.
En denominaciones compuestas, sólo la primera palabra va con mayúsculas, salvo cuando existe la sigla:
- Primera guerra mundial
- Confederación General de Trabajadores
Referencias bibliográficas:
Libros:
Autor, Título, cap., pág., etc., Lugar de edición, Editorial, fecha.
Artículos de revista:
Autor, “Título del artículo”, en Título de la revista, Nº, vol., pág., etc., Lugar de edición, Editorial, fecha.
Satisfacer: se conjuga como hacer. De allí que “satisf(i)cieron”, no satisf(a)cieron.
Raptar: sólo se rapta a una mujer a la que se sustrae con engaño y contra su voluntad de la casa paterna. Se SECUESTRA a un niño, otra persona o un avión con el fin de exigir a cambio dinero u otros bienes.
El (algún) agua fresca.
NO esta agua fresca.
El (algún) aula.
NO esta aula.
El (algún) área.
NO esta área.
El (algún) hambre.
NO esta hambre.
Hispanoparlante: NO existe, como tampoco el francófono ni el francoparlante. Existe sólo el hispanohablante.
sentaos y no sentaros
quedaos y no quedaros
mudaos y no mudaros
cambiaos y no cambiaros
Me CAUSO alegría. Nunca me PROVOCO alegría
MASACRE/MASACRADOS no se usa en español, MATANZA es la palabra.
Medio Oriente y no Oriente medio.
MONOSÍLABOS:
Nunca jamás se acentúan EXCEPTO para evitar confusión con otros significados:
Dio y no dio
Fue y no fue
Fui y no fui
Che (Guevara) y no Ché
Pie y no pié, excepto si es el verbo PIAR.
Fe y no fé
MOTU PROPIO
Jamás con preposición: motu propio y no “de” o “por” motu propio.
PLANTEAR:
Se PLANTEA un problema, pero se PROPONE una solución. Nunca “se plantea una solución”.
Porqué, porque, por qué: cuando se sustantiva como causa de algo, se debe acentuar:
¿Por qué se dio Juan a la bebida?
Del porqué Juan se dio a la bebida
Juan se dio a la bebida porque era tonto
Psiquiátrico: nadie jamás ha sufrido TRASTORNOS PSIQUIATRICOS, sino TRASTORNOS PSÍQUICOS, por lo que se lo pudo haber sometido a TRATAMIENTO PSIQUIATRICO.
Que, cual, quien, cual, cuanto, cuando, donde: llevan acento gráfico cuando funcionan como PRONOMBRES, dentro o fuera de signos de interrogación o admiración, y no lo llevan cuando son partículas de relación:
No sé qué dijo, sólo sé que lo dijo
Dijo que cuando llegara avisaría, pero no especificó cuándo
Enrique Murillo
El insulto en español (diccionario).
El insulto en español, de la A a la Z.
Forro. Profiláctico. Boludo, pelotudo. ¿Idolo o forro? Antonio Gasalla llevó la cuestión a la televisión argentina en los 90 y puso la palabra en boca de todos. “El Diccionario de la Injuria” demandó cuatro años de investigación. Sus autores sostienen que bajo el insulto se encuentran claves del lenguaje. Zonzo, poco diestro, torpe. Abombado, alcaucil, bambaco, bobalicón, bobeti. Gil, bah. En el arte del insulto las posibilidades son casi infinitas. De ahí que para algunos sea más fácil decir “zapallo” o “nabo", otros opten por un más almacenero “salame", y haya quienes consideren un mamerto al que para decir “tonto” elija “zanahoria".
¿Confunde? Para resolver esas y muchas otras dudas, y con un objetivo tan antropológico como didáctico, Sergio Bufano (periodista) y Jorge Perednik (poeta) reunieron todas estas opciones en su flamante “Diccionario de la Injuria", de editorial Losada, que estará en las librerías a partir de la próxima semana. Editado en Argentina, es el primer diccionario de este tipo y compila la mayor parte de insultos argentinos y latinoamericanos, además de los españoles que son los que más frecuentemente aparecen en los diccionarios.
“La carga extra de goce de estas palabras lleva a aumentar su producción, pero el mismo goce de esta producción, en su necesidad de satisfacerse, deja atrás innumerables palabras para seguir fabricando otras", explica Bufano.
Semejante relevamiento les llevó cuatro años y casi 300 páginas de recopilación, información e intercambio con hispanohablantes de España y América.
“Lo que más me sorprendió es la riqueza y creatividad de los insultos en otros países de América latina", cuenta Bufano. “Nosotros, los argentinos, pareciéramos habernos quedado más con el insulto que alude a lo sexual o a la madre, pero me pareció muy divertido que los mexicanos usen la expresión gustador de arroz con popote (sorbete)’ para decir que un hombre es homosexual".
Cabe, sin embargo, señalar en defensa de los argentinos que los mexicanos le dan a la palabra “chingada"— que en principio quiere decir tener relaciones sexuales— más de 100 significados diferentes según como se aplique. Y que hay en nuestro acervo insultos geniales como el de “ñoqui” (por el que llega el 29 de cada mes sólo a cobrar) o “kolynos” (para quien le faltan todos los dientes) que se destacan de la más común alusión a los órganos sexuales, el color de la piel, la religión o el ancho de las caderas.
Además de otros que por algún motivo nos impiden entendernos bien con otros latinoamericanos (¿como se explica que acá “perro” sea alguien malo o un jugador de fútbol con pocas habilidades y en Perú aluda a quien tiene mal olor en los pies?).
Para Jorge Perednik, en tanto, el insulto es un momento importante en nuestra cultura porque “a través de él se produce un desvío de la violencia física hacia la verbal, lo que produce un ejercicio dialéctico del enfrentamiento y es positivo al menos en términos de la salud y la especie". “Lo complicado —continúa Bufano— es cuando un grupo opta por utilizar siempre la misma palabra para decir muchas cosas diferentes. Que es lo que les pasa a muchos argentinos con la palabra boludo".
Ya sea que haga referencia a la opción sexual, la nacionalidad, la etnia, el coeficiente intelectual o las características físicas, la realidad es que la injuria que Jorge Luis Borges elevó al nivel de arte y Bufano y Perednik consideran demasiado efectista como para serlo habla tanto de quien insulta como de quien es insultado.
Libros sobre Edición
El control de la palabra (André Schiffrin, Anagrama, 2006).
Confesiones de una editora poco mentirosa (Esther Tusquets, RqueR, junio de 2005).
José Martínez de Sousa: 1. Diccionario de bibliología y ciencias. 2. Diccionario de edición, tipografía y... 3. Diccionario de lexicografía práctica. 4. Diccionario de ortografía de la lengua. 5. Diccionario de ortografía técnica. 6. Diccionario de redacción y estilo. 7. Diccionario de tipografía y del libro. 8. Diccionario de usos y dudas del español. 9. Manual de estilo de la lengua española.
«Perdón, imposible» (citas)
«Perdón, imposible» (José Antonio Millán, RBA, 2005)
El veneciano Aldo Manuzio (1450-1515), el mejor de los impresores de su época –equivalente casi a los editores actuales- fue el instaurador de un modelo de libro que se ha mantenido hasta nuestros días.
Debemos al taller de Manuzio la aparición de la letra cursiva, más legible que la gótica que se veía usando en imprenta (y que se basó en la letra humanista manuescrita).
También aportó una puesta en página equilibrada con un sabio uso de los espacios en blanco en los márgenes, e incluso un formato nuevo: el de bolsillo.
Su emblema fue el ancla y el delfín –luego utilizado repetidamente- y el lema “festina lente” (apresúrate despacio), auténtica clave del trabajo editorial.
**
La imprenta ayudó a extender y uniformizar el uso de los signos de puntuación, aunque durante siglos hubo usos muy diferentes, con variantes en distintos países.
Para el español, el impulso unificador vino de la Real Academia, que en 1742 incluía el embrión de los usos modernos en su “Ortographía” (por cierto, la puntuación se ha considerado siempre parte de la ortografía, aunque en el sentido popular, ortografía es lo que tiene que ver con las letras, mientras la puntuación se ocuparía de los signos. Pero hasta mediados del siglo XIX no podemos encontrar un sistema de puntuación estable.
**
El punto y coma aparece en español en el siglo XVI, aunque con escaso uso.
En el Renacimiento fue muy frecuente que los : se llamaran “coma”, de hecho cumplían la función que hoy tiene la coma.
EN FRANCÉS, es común dejar un espacio ANTES y otro DESPUÉS de los dos puntos. “decía : el…”
El paréntesis aparece en los primeros libros impresos a finales del siglo XV, aunque ya era usado en los manuscritos. Su nombre proviene del griego “paréntesis” (poner al lado). Su misma forma recuerda dos manos curvadas que agarraran una porción de la frase, dice el maestro del XVII Jiménez Patón: “Paréntesis es un círculo grande, partido por medio, que abraza la razón inserta”.
En las últimas décadas (quizá por influencia del inglés), está cundiendo en uso de rayas en la función del paréntesis. Su función es exactamente la misma.
Si el narrador hace un comentario al final de la frase, no se cierra la raya de diálogo.
El signo ¶ o “calderón” es una forma especial de la letra P, inicial de “paragraphus”, palabra latina para “párrafo”. En los ordenadores este signo se utiliza precisamente para indicar el final del párrafo.
“Lo dijo Blas, punto redondo”: frase irónica que se utiliza para expresar que algo que otro ha dicho no se considera, ni mucho menos, cierto.
Comillas: latinas (« »), inglesas (“ ”) y simples (‘ ’).
Misceláneas de editor.es
Su relación personal con los escritores es decisiva. Actúa como una comadrona literaria, un analista, un hombre de negocios y un mecenas. Cuando más estrechas sean las relaciones entre ambos, cumpliendo funciones de emitir y recibir noticias que sirvan para prever tendencias futuras.
El editor no pretende con sus libros tanto satisfacer necesidades como crear otras nuevas.
Tiene como tareas (debe tener) la de saber desatar las energoas delos autores, descubrir la potencialidad de cada uno y encauzarla correctamente, para que el autor pueda crecer y asi hacer crecer nuestro objetivo como editor de ese autor.
Es el primer socio del autor, su primer interlocutor en el enjuiciamiento del amnuscrito ye en un posible trabajo que le proporcione ese máximo de sustancia y calidad del que es capaz cada escritor.
La clave hoy son las alianzas estratégicas.
Los chicos de hoy, a los 6 años, no tienen aún internalizado el idioma ni la lectoescritura, sin embrago se inician en la informática y los padres creen que están ante un genio, y sólo es un semianalfabeto.
Todos los problemas de la alfabetización comenzaron cuando se decidió que escribir no era una profesión sino una obligación y que leer no era una marca de sabiduría sino marca de ciudadanía.
“Dime qué lees y te diré quien eres.” (J. Claretie)
miércoles, 18 de noviembre de 2009
«Godgle» (IV)
Inexorable «signo de los tiempos»
Todo emprendimiento tecnológico con tan profundas implicaciones socio-culturales, lógicamente, crea un gran escepticismo inicial por la infinidad de implicaciones que conlleva. Pero no olvidemos que un emprendimiento de ésta naturaleza y envergadura es inexorable en la coyuntura histórica en la que estamos inmersos, teniendo en cuenta la vertiginosa evolución de las nuevas tecnologías digitales.
De cerrarle las puertas a Google, debemos saber que de todos modos, más temprano que tarde, lo intentarán otros Dioses 2.0, pero desconocemos si éstos otros están dispuestos a hacerlo con acceso gratuito como —al menos en principio— lo plantea Google Books.
Marco legal
Google tiene derecho a continuar con su «Cruzada Digitalizadora», y lo hará valer usando cada resquicio, intersticio y grieta que encuentre en los límites de la legalidad, en ocasiones difusa, sobre todo en relación a las nuevas tecnologías, campo en el que no es infrecuente toparse con vacíos legales.
Google detectó un nicho de mercado, incluso podríamos decir que lo creó —así como creó otros tantos productos y servicios innovadores— y usa esa posición dominante para acrecentar su dominio, pero ¿si no avasalla los derechos de autor, siguen existiendo motivos para rechazar la creación de una futura «Biblioteca Digital Mundial»?
Google Books y editores: ¿enemigos o aliados?
¿Existe una disyuntiva real? ¿Es correcto plantearlo como una guerra? Ya son varias las grandes bibliotecas mundiales que han firmado acuerdos o preacuerdos con Google Books para digitalizar sus fondos. Y, lógicamente, esa es la aspiración de cualquier biblioteca del mundo, independientemente de su ubicación geográfica.
El escollo es el costo de dicha digitalización, he ahí porqué nadie se ha ofrecido a hacerlo hasta hoy, ni siquiera los gobiernos de los países más ricos del planeta.
Bien planteada —respetando los derechos de autor y las leyes vigentes— la alianza de Google Books con editores, bibliotecas y gobiernos podría resultar muy beneficiosa tanto para ellos como para usuarios y autores.
Bibliotecas: ¿existe realmente un «bibliotecaos»?
¿Es éste el quid de la cuestión? Uno de los puntos álgidos en la disputa es la digitalización de bibliotecas públicas, ya que si determinada gran biblioteca acepta digitalizar su patrimonio, estará aceptando —y legitimando legalmente— que Google Books haga uso de libros que tienen derechos de autor y una editorial que los ha editado en papel, todo ello sin pagar a autores y editores.
Pero no es menos cierto que Google Books ya está buscando el modo de acordar con ambas partes, ya que sabe que buena parte de los autores es consciente de que también es una oportunidad de difundir su obra y generar ganancias, constituyéndose en otra vía alternativa pero sinérgica de potenciar la difusión y venta de su propiedad intelectual, reputación y prestigio profesional.
Digitimes
El salto que intenta Google Books es tan rupturista que su materia gris trata de no darles tiempo ni a a competencia ni a nosotros como usuarios a que tomemos conciencia de la real dimensión que implica la «Digitalización 3.0». Y hacen bien, si lo piensan como mero negocio.
Precisamente por eso nosotros debemos pensar como usuarios y no dejarnos llevar por las esporas que Google esparce por toda la faz de la Tierra.
Pensemos por nuestra cuenta, no permitamos que decidan por nosotros ni los gobiernos, ni Google, ni ambos juntos. Nosotros también poseemos mucho poder (de convocatoria, de decisión, como opinión pública). Ejerzámoslo contra viento y marea, ejerzamos un escepticismo crítico, no somos meros espectadores. Y si lo somos, no deberíamos serlo.
Godgle: ¿más o menos que su reputación?
